jueves, 21 de mayo de 2009

El papel del hombre en el nuevo concepto del desarrollo


Si lo que vamos a afirmar se repite tan frecuentemente en los textos administrativos es porque debe ser cierto: el éxito de la organización moderna depende de un equipo motivado aplicando todo un esfuerzo de los objetivos propuestos. Sentido de pertenencia, capacidad de trabajo y cohesión de esfuerzos deben sumarse en la búsqueda de resultados.

Todo lo anterior puede resumirse en un término clave: SINERGIA. La sinergia se fundamenta en un conjunto de acciones simultáneas de personas o equipos de personas encaminadas a un fin. Cuando trabajan unidos producen un resultado mayor que sus resultados individuales. En su libro "Cómo crear un equipo de alto rendimiento en su empresa", Steve Buchholz y Thomas Roth ofrecen una explicación tan breve como contundente de significado de sinergismo: "...En otras palabras, el sinergismo consiste en concentrar los esfuerzos de un grupo para que 2 + 2 = 5". No he trascrito mal la cita, ni nos hemos equivocado al leer.

La sinergia es, efectivamente, un desafío a las matemáticas, ciencia exacta para la cual 2 + 2 siempre será 4 súmese como se sume. Sin embargo, del dicho al hecho sigue habiendo mucho trecho y estamos aún lejos de contar en nuestras empresas con equipos movidos por el sinergismo para alcanzar metas sumando trabajo y multiplicando los resultados.

Por el contrario la concepción del colombiano promedio sigue siendo la misma de nuestros antepasados: empujar cada uno hacia el lado que más le conviene a sí mismo, lado que no siempre es el que más le conviene todos.

La revista Diners publicó un artículo de Hernando Gómez Buendía, profesor distinguido de la Universidad de las Naciones Unidas, en el que éste reflexiona seriamente sobre lo que pudiéramos llamar el anti sinergismo de los colombianos. "Hace apenas cincuenta años, Colombia y Japón eran quince veces más pobres que los Estados Unidos", comienza diciendo Gómez Buendía, y agrega: "Hoy nuestro ingreso por habitante es de 17 veces menor que el de los norteamericanos y 21 veces menor que el de los japoneses". Lógicamente estas cifras categóricas sobre nuestro creciente atraso frente a estadounidenses y japoneses generan explicaciones, casi siempre relacionadas con la aparente inteligencia superior de los orientales.

Pero Gómez Buendía rechaza firmemente esta posibilidad: "de esta diferencia tan espectacular, mucha gente salta a la conclusión de que los japoneses son más inteligentes que los colombianos. Pero si se miran bien las cosas, un colombiano es más inteligente que un japonés: no en balde tenemos la fama mundial de vivos y recursivos, mientras los japoneses pasan más bien de aburridos y simplones". (El subrayado es mío).

Luego de leer la anterior afirmación es posible que estemos más confundidos que al principio con la curiosa y hasta ahora paradójica tesis del doctor Hernando Gómez Buendía. Pero es precisamente a partir de ese momento cuando comienza la parte más interesante del escrito y su coherencia con nuestro tema de trabajo en equipo: "Eso sí: dos japoneses son mucho más inteligentes que dos colombianos". Es decir, nuestro atraso se inicia desde el momento en que los demás entendieron que la vida no es una carrera en la que se gana a punta de virtudes individuales sino de la actividad eminentemente grupal.

En Colombia, continuando con Gómez Buendía, cada colombiano va para alguna parte y eso es lo bueno, pero Colombia no va para ninguna parte y eso es lo malo. Esta máxima bien puede aplicarse a la empresa en la cual se ha entronizado la comunicación vertical y autoritaria, el esfuerzo individual en busca del objetivo individual, el grupo informal o el CC a la colombiana conformado para sembrar cizaña en lugar de plantar la reflexión constructiva y, en general, las costumbres malsanas que nos hace tener no menos de un siglo de atraso respecto a las naciones del Primer Mundo.

Observando lo anterior llegamos a la conclusión de que hoy como nunca se impone la necesidad de revisar el rol del gerente frente a su gente, que es el fin y al cabo la gente que "se la jugará toda" por su gestión, por sus objetivos y por sus resultados.

No se trata ahora como se acostumbró en el pasado, de conformar equipos de trabajadores "ganasueldos" que prefieren hablar de ellos en lugar de nosotros, utilizando un léxico a través del cual aflora, sin embargo, su poco sentido de pertenencia y, por lo tanto, de compromiso con la organización.

De sobra sabemos el daño que le hace a un equipo de trabajo el chisme de cafetería o el rumor de pasillo que como bola de nieve crecen con rapidez sumando cada vez más falacias, semi verdades y verdades acomodadas.

Esta es, como se puede ver, una situación típica del grupo con una baja moral y también con un escaso sentido del auto liderazgo.


Por: Alejandro Rutto Martínez


Alejandro Rutto Martínez es un prestigioso escritor y periodista ítalo-colombiano quien además ejerce la docencia en varias universidades. Es autor de cuatro libros sobre ética y liderazgo y figura en tres antologías de autores colombianos. Contáctelo al cel. 300 8055526 o al correo alejandrorutto@gmail.com.

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